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Los contenidos, es decir, la información procesada y adaptada a los gustos y necesidades de los usuarios/consumidores, se han convertido en el ingrediente clave de un enorme número de soluciones tecnológicas de éxito (navegación por páginas web, televisión digital interactiva, Internet móvil, videojuegos en red, mensajería instantánea, redes de intercambio, difusión a la carta, audio y vídeo en comunicaciones móviles, etc.). De hecho, los contenidos y las tecnologías que permiten su explotación forman parte de la satisfacción de una demanda básica por parte de los consumidores: el acceso y uso eficiente de información en cualquier lugar, contexto y formato.
Conscientes, por tanto, del valor que suponen tanto los propios contenidos, como los medios que permiten (y controlan) el acceso a los mismos, los agentes de los sectores de las telecomunicaciones, los medios de comunicación, la electrónica de consumo y las tecnologías de la información compiten por su captura e integración en los correspondientes modelos de negocio. Sin embargo, forman parte aún de mercados emergentes que se encuentran pendientes del desarrollo de algunas tecnologías clave (por ejemplo, la gestión de derechos digitales).
Los factores que han impulsado el creciente interés por la explotación de contenidos se pueden clasificar entre los derivados de la oferta y los que provienen de las necesidades y percepciones de los usuarios. Desde el punto de vista de la oferta estos factores son: la proliferación de conexiones IP de banda ancha; la llegada de los servicios de tercera generación (3G) y más allá (B3G, 4G), que añaden movilidad a la oferta de banda ancha; y el despliegue de todo tipo de soluciones audiovisuales digitales interactivas. Desde el punto de vista de los usuarios existe una naciente y creciente tendencia hacia la personalización y la capacidad de elección, así como la adopción de nuevos roles, en los que, cada vez más, dejan de ser meros receptores y crean y difunden sus propios contenidos.
Al mismo tiempo, no hay que olvidar los numerosos retos que frenan el desarrollo del mercado de contenidos. En primer lugar aparece la problemática relacionada con la protección de la propiedad intelectual y su traducción al nuevo entorno digital, necesaria para garantizar un modelo de confianza y seguridad, tanto para los proveedores de contenidos como para los usuarios. En este sentido, el desarrollo de medidas técnicas de protección y, en particular, de gestión de derechos digitales, constituye un factor clave. Además, esta protección de la propiedad intelectual se enfrenta al reto de ser compatibilizada con la adecuada defensa de los derechos fundamentales de los usuarios, y con las nuevas formas de participación en la creación de los contenidos.
Asimismo, las ingentes cantidades de información que se manejan tanto en los entornos empresariales como en el mundo de Internet, convierten a los sistemas de gestión, búsqueda y acceso a contenidos en piezas fundamentales de la cadena de valor.
Por otra parte, demandas como la interactividad y la personalización, la movilidad o la ubicuidad en el acceso a contenidos dotan de gran valor al desarrollo de soluciones móviles o inalámbricas así como a las que ofrezcan portabilidad entre plataformas. La interoperabilidad aparece aquí como un factor clave para el cual los procesos de estandarización así como las soluciones de código abierto facilitan su implantación.
La siguiente figura establece un marco de referencia básico para la explotación de contenidos digitales que representa el ciclo de vida de los contenidos multimedia y su cadena de valor y, de forma conceptual, refleja los elementos principales que identifican las áreas tecnológicas clave en este ámbito.
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