Interconexión e inversión
Interconexión e inversión
La literatura teórica ha analizado la relación entre la regulación de la interconexión y la inversión en infraestructuras[1]. Se trata de un aspecto muy relevante, ya que la inversión condiciona la competencia futura en el mercado de telecomunicaciones, y por tanto el crecimiento económico de los países.
Tanto la regulación de la interconexión como su ausencia pueden producir una inversión excesiva. Por ejemplo, unos precios de interconexión muy elevados pueden provocar una duplicación completa de las redes y, por tanto, un nivel de interconexión mínimo.
También es importante considerar que, si existen importantes ventajas para la empresa que se establece primero en el mercado, la competencia será más intensa durante los primeros años de liberalización del mercado, ya que todas las empresas intentarán conseguir un liderazgo sólido. Esto puede dar lugar a una inversión excesiva.
En la práctica, es frecuente regular el precio de interconexión para que refleje el coste incremental a largo plazo, concediendo al operador una rentabilidad que le permita recuperar sus costes. El peligro de esta norma es que no da incentivos para invertir, ya que priva a la empresa que se establezca primero en el mercado de cualquiera de las ventajas intrínsecas a su condición. Una posible solución a este problema es conceder un subsidio a la empresa que primero se instale.
Ante esta dificultad, algunos autores han sugerido la utilización de precios de interconexión dinámicos, que aumenten a medida que los entrantes consigan una mayor cuota de mercado. De este modo, se establece un límite a las pérdidas asociadas con la entrada en el mercado: si la utilización de la infraestructura del operador establecido no da buenos resultados, el entrante puede salir del mercado. En cambio, si la entrada es beneficiosa el regulador puede aumentar paulatinamente los precios de interconexión para que los entrantes tengan incentivos a construir su propia infraestructura.
Por tanto, una conclusión a la que llega la literatura es la conveniencia de estimular la inversión en infraestructuras, modificando gradualmente los precios de interconexión. Inicialmente se debería facilitar una interconexión barata a los activos del operador dominante que los entrantes no pueden duplicar. Con el paso del tiempo, los precios de los activos deberían aumentar. Primero aquellos que los entrantes puedan duplicar más fácilmente y posteriormente el resto.
Una política de precios bajos para los activos difíciles de duplicar incentiva la inversión. Por otro lado, como las empresas competidoras necesitan tiempo para desarrollar su propia infraestructura, una política de precios de interconexión que aumenten con el tiempo ayudará a que desarrollen su propia red.
Debe tenerse en cuenta que las políticas que se realicen para incentivar la inversión en infraestructuras por parte de los entrantes también afectan al operador dominante. Por ejemplo, unos precios de interconexión elevados perpetuarían el poder de este último y no estimulan la inversión. Por el contrario, unos precios de interconexión bajos que no permiten cubrir los costes de la empresa establecida eliminan los incentivos a invertir. En última instancia, la regla que determine los precios de interconexión dependerá de la preferencia del regulador por la duplicación de redes.
Finalmente, es importante mencionar la importancia que la literatura atribuye al compromiso del regulador. Las empresas entrantes deben tener seguridad a la hora de invertir; han de poder confiar en que el regulador mantendrá su política de promoción a lo largo del tiempo.
Bill-and-keep, un sistema para incentivar las inversiones
Cambini y Valletti (2003) han analizado la robustez del modelo de Gans y King (2001), según el cual los beneficios de las empresas se incrementan al acordar precios de interconexión recíprocos y por debajo de los costes[2]. Muestran que cuando la inversión en la calidad de los servicios es exógena la conclusión de Gans y King es se mantiene y se puede generalizar a un contexto de redes asimétricas. Sin embargo, cuando las inversiones en calidad son tratadas endógenamente, unos precios de interconexión por encima de los costes reducen la inversión.
Este resultado parece sugerir que para inducir a las empresas a invertir eficientemente, los precios de interconexión se deben fijar por debajo de los costes. En consecuencia, la utilización por muchos reguladores de unos precios basados en los costes incrementales a largo plazo (LRIC) puede no ser adecuada desde una perspectiva dinámica. En cambio, la utilización de la regla del bill-and-keep podría ser una práctica interesante, por qué estimularía la inversión.
- ↑ Para más información vea Cave, M., y I. Vogelsang (2003) “How access pricing and entry interact”, Telecommunications Policy, 27, 717-727. Buena parte de la contribución de este artículo ha sido recogida en este apartado.
- ↑ Cambini, C., y T.M. Valletti (2003). “Network competition with price discrimination: Bill-and-Keep is not so bad after all”, Economic Letters 81 (2), 59-67. Vea también Gans, J. y S. King (2001), “Using <bill and keep> interconnect arrangements to soften network competition”, Economic Letters, 71, 413-420.

