Normalización
Normalizar es tipificar, ajustar a un tipo o norma.
El fin principal de la normalización es garantizar el acoplamiento o conexión de elementos construidos independientemente.
También son objetivos de la normalización fijar la calidad de los elementos fabricados y asegurar la seguridad de su funcionamiento. El resultado de los procesos de normalización son normas o “estándares”. Los estándares son patrones de aplicación obligada o voluntaria que fijan las características y magnitudes básicas a que un determinado producto se ha de ajustar.
En el campo de las Tecnologías de la Información y de las Comunicaciones, los estándares son una consecuencia de la necesidad de interoperabilidad de diferentes tecnologías que, en muchas ocasiones, satisfacen las necesidades de los usuarios sólo cuando se combinan adecuadamente. En un entorno de creciente complejidad técnica, es imposible concebir un progreso adecuado sin alcanzar normalizaciones tecnológicas que se decanten por soluciones optimizadas.
Los estándares pueden ser de facto o de iure. En el primero de los casos, una determinada modalidad o tipo de producto se hace mayoritario en el mercado, “obligando” a que el resto de los participantes se amolden a sus características.
Los estándares de facto se acuerdan tras discusión en el seno de un organismo normalizador. Existen múltiples organismos normalizadores. En el ámbito de las TIC tienen especial relevancia los siguientes:
- ETSI: European Telecommunications Standards Institute
- IEEE: Institute of Electrical and Electronics Engineers
- IETF: The Internet Engineering Task Force
- ISO: International Standards Organization
- ITU: International Telecommunication Union, a través de la sección denominada ITU-T
- VITA
- W3C: World Wide Web Consortium

